18 de Marzo 2011

Agua

Lo utilizaste todo para irte.

Yo no sabía qué hacer, qué buscar, adónde ir.

Naufragaba.

Me hubiera echado a llorar, pero eso no era suficiente. Quería convertirme en agua.

No puedo estar seguro del tiempo que transcurrió, porque el reloj se deslizó segundos antes desde mi muñeca hasta el suelo, goteando. Diría que no pasaron más de treinta minutos entre el momento en que empecé a ser agua y el momento en que empecé a saborearla, sentirla, oírla, verla. Era fría, azul, clara. Se enfangaba, se quedaba quieta, ondulaba, se helaba. Derretida volaba en el vapor, en las corrientes, en la lluvia, en la nieve, en las humedades. Florecía sobre muchos cuerpos, entre dos pieles, dentro de los ojos, de las bocas, de los sexos.

Salpicaba, se extendía ilimitada.

Fui toda imagen posible del agua que recordaba.

Creo de todo corazón que aquel primer sorbo de agua tibia en alta mar te acercó lentamente hasta la barandilla para que pudiera ver desde el fondo de una madrépora lo llena de agua que estabas. De agua hermosa, pura y cristalina.

Sentí que como yo, habías aprendido a estar viva.

Me hubiera echado a llorar, pero mi cuerpo no tenía agua suficiente para las lágrimas.

Escrito por U U a las 18 de Marzo 2011 a las 12:45 AM
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