A.E.I.O.U.: Claire D'Automne, Un Segundo
Una mañana en la noche, Claire D'Automne revolvió cajones de pérdidas y encontró un calcetín en el que sonaba la candorosa petición de un duque: 'Ábreme la yema de tu espalda, Claire, y seremos herederos del mar'. La marquesa, que aspiraba, sin saber por qué razón, a ser duquesa, y el mar, que aspiraba a ser tecla de piano de batalla, le discutieron la frase. Claire, desde el presente y con una aguja no tan larga, pinchó todos los globos y salió a cenar.
Durante la cena, efectivamente, se volvió a encontrar con aquel duque, se encontró de nuevo con la marquesa y con un brazo de mar. De un remolino salió la luna. Observó a Claire. Observó al duque. Observó a la marquesa y al mar entero. Pinchó todos los globos, y salió a cenar.
Durante la cena, la luna se encontró con Claire. Se miraron en el mismo espejo y sonó una campana. De la campanada salió el sol, que las dejó desnudas. De los desnudos salió un sombrero, y del sombrero un alfiler.
Claire tomó el alfiler y cosió el calcetín. Ya era hora de ir a dormir.
Por la mañana en el día, el cielo atardeció lleno de globos. Claire se fue a volar con ellos, montada en un par de medias.
Permítame felcitarle. Su cuento, relato, arlequín fugaz, es espectacular.
Escrito por Miguel Ángel a las 24 de Marzo 2009 a las 05:25 PMperfecto, absolutamente perfecto!
creo que esta noche me iré a volar, si no encuentro globos creo que mi sombrero y una aspiradora serán suficientes. :-)
Escrito por sinsol a las 24 de Marzo 2009 a las 07:51 PMEl domingo, mientras me perdía en una librería de viejo con montañas de libros que rozaban el cielo, creí oir esa campana que sonó cuando Claire y la luna se miraron en el espejo. Pero ese día no había luna, el cielo era raso y la luz de la ciudad dejaba ver unas pocas estrellas pero no pude encontrar a la luna. Segundos más tarde quise verla en mi hombro, sí, como lees, negra y menguante...pintada con suaves trazos, casi sensuales. Se desnudó para mí. Pero no había sombreros ni alfileres, apenas unos globos rojos que crecían de las aceras.
Yo también tengo cajones de pérdidas...carretes sin revelar de viajes extraños y recortes de periódico...volar...quién pudiera volar sin alas.
Escrito por Lulú a las 24 de Marzo 2009 a las 08:45 PMYo vuelo fácil si cierro los ojos y el espejo es la realidad.
¡Feliz cena, sinsol¡
Parece que al final estas consiguiendo devolvernos a todos a la infancia. Ilusion generalizada en amapolodromo.
Te lo agradezco con un beso.
Escrito por Nadar a las 25 de Marzo 2009 a las 01:08 PM¡¡Esas musicas que nos traes...mmmm!!
¡¡Esas palabras,mmmm!!!!!
¡¡¡Esas imagenes.. de mmmmmm pastelerias parisinas!!!!
¡¡¡Todo es mmmmmmmmmmm!!!
;)
Escrito por Marta B.G. a las 25 de Marzo 2009 a las 02:39 PMMiguel Ángel, que bien tenerte por aquí y un poco más allá. La unión hace el drago.
Sinsol!! no puedo creerlo!! eres la McGyver del vuelo con sueño!!
También desaparecen las dagas de alas, Lulú, desaparecen hasta las muñecas que patinan por los laberintos. Y nos crecen los ojos como guantes transparentes al llegar a la cima de los jardines. Dentro de las librerías y de los libros y del papel. Y donde nos de la gana.
Esto es ya un patio de recreo. Maravilloso. Incluso en adelante preferiría que no habléis sobre las idioteces que escribo, y vengáis a decir lo que os de la gana, Nadar.
Marta, miss onomatopeya, ya era hora de que acudieras a jugar un rato, leñe.
Gracias a todos. No cerramos nunca, venid e id cuando queráis.
Escrito por U U a las 26 de Marzo 2009 a las 07:10 PM